Viktor Frankl que dice algo así como: «La vida es un viaje hacia uno mismo y en el camino nos encontramos con los demás»

Casi media vida me llevó colocar todas las cartas. Pero, hace ya algún tiempo, sin avisar, alguien sopló un naipe de mi castillo.
Pensaba, por aquel entonces, que mi vida discurría por donde yo había decidido, convencida de mi elección y pseudofeliz con lo conseguido. Pero esa ráfaga de aire fresco, como cuando olvidas una pequeña ventana abierta, tiró todas las cartas, mis cartas. Lo tenía “todo”, al menos “todo” lo que yo creía que me haría feliz tener. Un día me di cuenta que no tenía la vida que realmente deseaba, que, a pesar de no tener ningún problema y poder navegar sin olas a velocidad de crucero, algo me faltaba.
No era feliz, algo me faltaba, algo me sobraba. Y por más que buscaba, no encontraba “eso” que daría sentido a todo. “Eso” no sabía qué era, pero tenía claro que una vida plena debía ser otra cosa, no lo que yo vivía. Nos empeñamos en buscar soluciones, sentidos, parches, curas y hasta magias en el exterior, sin darnos cuenta de que la verdadera solución, el verdadero sentido de la vida sólo puede encontrarse en nuestro interior.
Y entonces conocí a alguien. Digamos que fue un ángel para mí, alguien que apareció en el momento adecuado y sopló sobre mis cartas tan colocadas. Fue un libro que me recomendó, uno de esos de autoayuda, de lectura rápida y crecimiento interior. Fue la pequeña chispa que enciende el fuego que arrasa. Un resorte se activó dentro de mí, tocó mi tecla, y de pronto, todo comenzó a cambiar. Cambios en mi interior, en mi manera de ver la vida, de verme a mí misma, que provocaban cambios también en el exterior, una realidad que dio un giro de 180º.

Desde aquellos días, empecé a leer más y más libros, devoraba todo lo que caía en mis manos, empecé a ver películas, documentales, a asistir a conferencias, charlas CURSOS  a conocer gente diferente, de distintos mundos y creencias, todo estaba relacionado
y ocurrió,  empecé a ver la vida de otra forma, con otros colores, otras preocupaciones y sobre todo, otra paz.

Como anécdota contaré, que por entonces trabajaba en una oficina y una compañera llegó un día a decirme si podía dejarle uno de esos libros que me estaba leyendo, pensando que me habían captado en una secta, jajajaja,
y no, no es ninguna secta, es ver la vida de colores, estar de buen rollo, es estar …. En el rollito, como yo le llamo, donde la única voluntad y el único interés que tengo es ser más feliz, recorrer el camino de la vida creciendo y aprendiendo, para estar en plenitud.
Pasé mucho tiempo poniendo cartas una encima de otra, intentado crear algo firme. Hoy, algunos años después, disfruto de las cartas mezcladas, descolocadas e inquietas.

 «en el rollito«

 

 

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